Femicidio: la vida sin metáforas

Sergio Zabalza realiza una reflexión ante un nuevo femicidio. Las elecciones en Estados Unidos y la misoginia. La agresividad sin el velo de la metáfora.

Sergio Zabalza*

Una nueva víctima se sumó a la abrumadora lista de femicidios que nos asola sin dar tregua al espanto: esta vez una menor de dieciséis años falleció en Mar del Plata tras ser violada, drogada y torturada por dos hombres con la posible complicidad de un tercero.

Narcotráficos, trata de personas y otros delitos complejos no alcanzan para explicar esta barbarie cotidiana. Es como si El Hombre -ese cansado sustantivo genérico con que hasta ahora se mentaba a la humanidad toda- rechazara la diferencia que encarna lo propiamente femenino.

A nivel mundial, hay datos que parecieran corroborar nuestra tesis. Las elecciones presidenciales, que en pocas semanas más tendrán lugar en los Estados Unidos, lleva como uno de sus protagonistas a un Hombre cuyo discurso amenaza las más elementales conquistas de civilidad. Además de su flagrante xenofobia y vulgaridad, quedó a la vista la misoginia que desde siempre animó su proceder. Así parece atestiguarlo el video en que Donald Trump dice : “Me siento atraído por las mujeres guapas automáticamente y empiezo a besarlas. Es como un imán. Las beso. Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa. Lo que quieras. Agarrarlas de la vagina. Lo que sea”. Si bien estos dichos le han restado chance, hoy nadie duerme en aquel país: si Trump llegó hasta allí y todavía tiene chance de ganar, es porque este Hombre dice cosas que mucha gente quiere escuchar.

El velo pudoroso con que la metáfora transforma agresividad en belleza, humor o imaginación, parece perder terreno en este siglo en que la urgencia de satisfacción no espera más allá del touch de una sustancia o de un celu. Notable es advertir que una de las canciones más elogiadas del flamante Premio Nobel de Literatura Bob Dylan -Like a Rolling Stone- es un arrebato de resentimiento contra una mujer. Lo mismo que la maravillosa Ojalá de Silvio Rodríquez. Da ganas de felicitar a las dos damas en cuestión por ser causa de tanta belleza.

Los femicidios constituyen un testimonio del empobrecimiento del registro simbólico que hasta ahora ponía límite a la barbarie. La capacidad de sublimar –transformar los impulsos en palabras, gestos, obras, etc.-debería ser una prioridad en cualquier empresa que se proponga trabajar por un mundo menos tonto y cruel.

* Psicoanalista. Hospital Alvarez.

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