El preso es el otro. “Crónicas Tumberas” de Carolina Iannuzzi

Un libro de crónicas que relatan la experiencia de hacer teatro en las cárceles argentinas. Los avatares de una actriz  en el intento de llevar libertad a los que no la tienen.

cro tumb foto

Esto no es una crítica literaria. Es más bien una crónica de la lectura de “Crónicas Tumberas”.

El libro lo prologa Raúl Zaffaroni, el Messi de los prologuistas en temas vinculados al derecho y a la pena; que de entrada te advierte algo sobre el libro, más allá del valor literario, que lo tiene, te convoca desde la emoción y la posibilidad de identificarse con un otro. Carolina es actriz y relata en este libro su experiencia como profesora de teatro en cárceles del inefable Servicio Penitenciario Argentino.

La libertad a través del arte, en particular del teatro ¿es posible? No la libertad de una señora o señor que está encerrado en un trabajo que no le gusta y obtiene una vez a la semana o más un espacio donde su alma puede respirar. Hablamos de presos y presas, hablamos de personas que no tienen el estándar de libertad del que lee ni del que escribe, cuerpos prisioneros mucho antes de llegar a los edificios donde son encerrados.

Las historias de Carolina permiten la empatía con algún preso-personaje y/o situación, maneja hábilmente la ironía y el humor para amortiguar lo truculento de algunas realidades, a la vez que con buena literatura da golpes certeros a la consciencia humana del que lee impidiendo la tentación de pensar que solo se trata de cuentos.

La obra no solo contiene parte de la historia de varias almas de una multitud que pueblan las prisiones argentinas,  es también una expresión del alma de la autora, una persona que intenta crear espacios de libertad donde no la hay y toda la tormenta de pensamientos y sensaciones que se manifiestan en su interior.

Da un poco de pena decir que uno se indigna con algunas cuestiones que manifiesta el libro, los sistemas de clausura medievales que sobreviven en el Servicio Penitenciario Argentino, los vejámenes, la falta de humanidad, la dificultoso que es generar en instituciones que no tienen ese espíritu la posibilidad de que las personas que delinquen encuentren un camino diferente. Da pena por que sería mejor pensar en hacer algo con eso.

Pero no todo es indignación, están los sentimientos que unen a todos los seres humanos, está la alegría por el espacio de juego, esa dosis de libertad esquiva que se puede generar hasta en los lugares más improbables. Está la posibilidad de entender que todos podemos ser ese otro, el preso, que nació en determinada situación, que tomó determinada decisiones y que el hecho de no serlo tiene más de azar del que uno se imagina.

El libro de Carolina está agotando su primera edición, y seguro a merite una segunda edición, es una experiencia que les recomiendo. Pueden conseguir el mismo comunicándose a través de cronicastumberas@hotmail.com o tener más información del libro o su autora en su facebook Crónicas Tumberas .

Así escribe Carolina Iannuzzi:

(…)Una vez se había ilusionado con que iba a salir a la calle, pero no salió. Entonces se la agarró con el Narigón, porque estaba justo sentado frente suyo.

   Y le dijo un montón de cosas feas, y el Narigón no quería pelear. Y Gastón se fue zarpando más y más, y el Narigón, que es un actorazo, se levantó y se fue.

    Lo traté de atajar y me dijo que esas cosas se las aguanta en el pabellón, pero que en teatro no.

   Todos le decían “Negro, pedile disculpas”, que era algo así como pedirme a mí que sea astronauta.

   Pero el Pulga lo hizo entrar en razón, y un par de meses después el Narigón volvió a teatro.

   No se querían, no eran amigos, pero con diplomacia convivieron en el mismo espacio, por que asumieron que era de los dos.

  Gastón era el único actor que me quedaba de la primera camada de la compañía. Racing es Racing, aun que cambien los jugadores, como Los Tanos y Luces Libres.

   Gastón formó parte desde el primer día, hasta ayer que lo sacaron de traslado.

   Para despedirse nos dio un abrazo a cada uno.

   Cuando abrazó al Narigón, le clavó el índice en el pecho y le dijo: “Vos, vos te quedas con mis personajes”.

  Y se fue con la frazada que envolvía sus pertenencias. Un pantalón Adidas, una camiseta de Racing,  una campera deportiva y unas zapatillas.

   Un equipaje liviano, no llevaba rencores.

   Ni personajes.

(Fragmento del relato “El Negro Gastón”)

 

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*