El periodismo lo hizo una vez más: la culpa la tiene la víctima

La psicóloga y periodista Lilliana Hendel escribió una carta al diario Clarín donde expresa su preocupación por los estereotipos machistas, que reproduce el medio noticioso, en una nota sobre el caso de feminicidio de Griselda González.

Por Liliana Hendel*
 
Leo con preocupación el editorial y la nota de fondo de Clarín  acerca del femicidio de Griselda González, asesinada por un varón que le dijo que la amaba.
 
El título “El deseo en los tiempos de Face” evoca al -destituido gracias al periodismo de género- “Crimen Pasional”, aunque esta vez vía redes sociales. Primer estereotipo: no la mató su deseo, la asesinó un varón que le dijo que la amaba. Nada hay en los comentarios periodísticos que saque este asesinato de un suceso puntual. Nada que explique que los femicidios son la epidemia que destruye vidas de mujeres ( y multiplica orfandades ),  atravesada por mitos patriarcales como el amor romántico.
 
“La seducción por vía virtual está tan extendida como las redes”, dice el periodista en página principal. Tal vez faltó agregar que está tan extendida como los femicidios que no se detienen a pesar de las leyes. Palabra ésta, femicidios, que no se utilizó jamás en ninguna de las notas que para Clarín cubren la noticia.
 
Nada encuentro acerca de No Matarás y sí mucho acerca de No te Enamorarás de un Desconocido por Facebook. En una sociedad que le enseña a las mujeres a cuidarse de los violadores (siempre que no sean sus propios padres, porque con esos habrá vinculaciones forzadas por leyes), pero no les enseña a los niños a no violar se produce un periodismo que desliza a veces con claridad y otras veces entrelíneas que la mujer tuvo la culpa. Por insensata, por confiada, por infiel se creó, imaginen ustedes, un perfil falso, como Melina, que tenía muchos perfiles de Facebook.
 
“Casada, lo conoció en una red”, dice el artículo porque, deduce el periodista, estaba en crisis, tanto que le pagó el pasaje y alquiló un departamento, acciones que su hija mayor conocía así que la palabra clandestina sobraría en el texto.
 
De la costumbre de asesinar mujeres porque se niegan a algo que él varón mandaba, de eso poco o casi nada. Es preferible señalar en las notas que ella cedió a su propia ilusión, cayó en su propia trampa como dice el autor de la nota, que marca que ella se negó a separarse como aparentemente él le exigía. Ella víctima indefensa garpa, ella protagonista que toma decisiones parece que no.
 
La construcción del estereotipo está en marcha. Mujer de 40 en crisis se enamora tontamente de una ilusión creada por sí misma. Aunque podamos imaginar que él algo habrá hecho para enamorarla no hay pistas que nos lleven al engaño. Solo queda claro que ella se inventó una trampa y cayó en ella.
 
La denuncia de los femicidios cuyas cifras no decrecen queda subsumida en un relato incompleto, casi romántico (más estereotipos: celos e infidelidad ) y poco inocente. Una vez más, como Melina que iba a los boliches, como Romina que bailaba encima de los parlantes, ella se lo buscó. Una vez más la víctima es,  para ciertos medios, responsable de su propia muerte. “No son las redes las que tienden trampas a las personas, son las personas las que se tienden trampas “va finalizando Roa su artículo”.
 
Los varones que asesinan tienden trampas y usan las redes para ello, son responsables plenos de sus acciones y gozan de la impunidad que les otorgan psicoanalistas que hablan del enigma de la mujer en medios masivos, leyes que la justicia patriarcal incumple y un periodismo al que le sigue faltando entender, para difundir con responsabilidad, que los derechos de las mujeres son derechos humanos y están siendo vulnerados, por el asesino y por el modo en el que estas noticias se difunden. Y eso es también muy peligroso.
 
PD: Tal vez la lectura de esta columna colabore para que los hijos,huérfanos de la asesinada Rosana Galiano dejen de estar sometidos a vivir con el femicida Arce. EL MACHISMO MATA

* Psicóloga -Periodista

Coordinadora RIPVG en Arg. 

 @lilianahendel
 
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