Diógenes y el rugbier

El psicoanalista Sergio Zabalza reflexiona en este texto sobre un hecho de público conocimiento; el maltrato de un muchacho identificado como rugbier a un hombre en situación de calle. La dimensión discursiva y política detrás de un acto de apariencia aislado a partir de la figura del mítico filósofo mendigo. 

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Por Sergio Zabalza

Un rugbier agredió a un hombre indigente en la calle: lo hizo caer pesadamente sobre el duro cemento de la vereda. La acción formó parte de una suerte de divertimento ofrecido a sus compañeros de equipo. El episodio fue filmado y subido a las redes, donde se viralizó de una manera exponencial. El club al que pertenece el jugador suspendió al jugador y manifestó su intención de ayudar a la persona agredida. Hasta aquí algunos trazos de una barbarie y sus puntuales resonancias. Nos interesa qué significaciones adquiere la onda expansiva de exabruptos como éste.

En su texto Donc Jacques Alain Miller plantea: “Es muy difícil recuperar el valor eminente que el mendigo tuvo en la historia, antes que el trabajo se volviera un valor esencial, antes que entrara en el superyó. Hubo una cultura de la mendicidad, un mito del mendigo. En el Medioevo, volverse mendigo era un recurso. Ustedes dejan todo por el amor de –por el amor de Dios, por el amor de Cristo, por el amor de una mujer–, y se van a pasear su falta por el mundo” .

Más allá de cualquier otra consideración, lo cierto es que hoy un linyera es un ciudadano desocupado del cual la sociedad y el poder político son responsables. El neoliberalismo avanza hacia una sociedad de abundancia que crece de manera inversamente proporcional a la cantidad de beneficiarios: cuanta más riqueza más miseria y segregación.

Pero la cuestión lejos de reducirse a un ámbito material toma cuerpo en el discurso que avala y legitima el desprecio para quien queda por fuera del sistema. Este episodio no es un arranque individual y aislado de una persona desvariada; es el resultado de un discurso que emana del poder político a través de diferentes hilos conductores: la meritocracia por la cual quien no tiene es sospechado de ser tachado de inservible; la entronización del consumo por encima de los derechos ciudadanos; el bastardeo de la política en favor de los “expertos” provenientes de las empresas y la degradación de la conciencia moral a manos del cinismo oficial.

Diógenes el cínico fue un filósofo que hizo del desprecio a la posesión material y los poderes instituidos el eje central de su posición existencial. A fin de cuentas este ataque al indigente constituya un oscuro y muy primario rechazo a quien por su sola presencia desafía la indignidad de un sistema social desvariado.

 

Ilustración: Cuadro pintado por el pintor italiano Sebastiano Ricci (1659-1734)

 14 de septiembre de 2016

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