Del amor y sus sistemas operativos

Her, la película de Spike Jonze, protagonizada por Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson (más precisamente la voz de ella), nos permite una reflexión de como la tecnología media en las relaciones humanas en la actualidad.

 

Por Federico Bosch*

 

Ante que nada advierto que voy a hablar de la película como si la hubiesen visto, por lo tanto aquellos que quieran preservar la emoción del descubrimiento, huyan. Intercalo varios diálogos de la película que me parecen representativos de mi análisis (más allá de que justifican el Oscar a mejor guion original).

 

Her es una película a la que podríamos agregarle variadas etiquetas: Soledad, Tecnología, Amor, Futuro, Sexo, Relaciones, etc. La trama transcurre en un futuro cercano, donde el 3.0 y la realidad ampliada están en pleno apogeo. Se puede manipular las computadoras a través de la voz sin que sea necesario tipiar, no es nada raro, son cosas que actualmente se están perfeccionando. El personaje principal es Theodore, separado de su mujer hace un año y en un evidente estado emocional depresivo, posterga el momento de firmar los papeles del divorcio. Theodore, se dedica a escribir cartas por encargo, en donde expresa los sentimientos de otras personas hacia sus seres queridos. Lo cual resulta paradójico,  ya que él se encuentra inhibido para expresar los suyos.

 

La película plantea un escenario social de personas aisladas a pesar de los avances tecnológicos y las comodidades que estos proveen para poder comunicarse con los otros (¿les suena?). La película tiene diálogos muy interesantes y casi al comenzar tiene un episodio patético-divertido: Theodore, en uno de sus habituales insomnios decide chatear con alguna chica igual de desvelada (chatean oralmente a través de unos dispositivos audífono que colocan en sus oídos), con la evidente intención de tener cibersexo, la cuestión es que cuando el chat hace su efecto y la chica parece entrar en gran excitación sorprende a Theodore con una singular petición: 

 

 

Chica-online: -¡Ahórcame con ese gato muerto!

 

Theo: ¿Qué?

 

Chica-online: ¡El gato muerto junto a la cama! ¡Ahórcame con él!

 

Theo: (dubitativo y confuso en la oscuridad de su cuarto)…bien…

 

Chica-online: ¡Dímelo! (la piba ya media sacada)

 

Theo: Te estoy ahorcando con el gato (balbucea Theodore que decide seguir su juego).

 

Chica-online: ¡Sigue diciéndomelo! (entre jadeos cada vez más intensos)

 

Theo: Te estoy ahorcando con su cola…

 

Chica-online: ¡Si si! ¡Dímelo!

 

Theo: Te ahorco…su cola está en tu cuello…

 

 

Y así siguen este desopilante diálogo hasta que la chica tiene su orgasmo, se despide y deja a Theodore más desvelado aún, seguramente preguntándose “¿qué diablos fue eso?” (La última imagen de la escena, desde el techo de su cuarto en penumbra nos muestra a Theodore solo en su cama y con los ojos bien abiertos). Más allá de mostrar la soledad del alma de Theodore, la escena es un claro ejemplo de que el goce sexual en el ser humano es de carácter autoerótico e intermediado por el fantasma singular de cada amante; mientras la chica gozaba de pensar que un hombre tenía sexo con ella a la vez que la ahorcaba con un… ¡gato muerto!, él lo hacía imaginando que tenía sexo con una hermosa mujer embarazada.

 

Dice Lacan en su seminario 11: “En otros términos, en este momento no estoy copulando, les estoy hablando y, sin embargo, puedo alcanzar la misma satisfacción que copulando” (Pág. 173-Paidos) El punto que se deduce lógicamente de esta afirmación es que también algo se satisface en la escucha, no solo en él hablar. Los psicoanalistas algo de eso sabemos. En la película, si algo nos resuena como psicoanalistas, es por un lado el predominio de la pulsión oral y por otro la función de la palabra. Además es una muestra clara de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje y que el inconsciente está claramente relacionado con la sexualidad como lo pensaba Freud.

 

Prosiguiendo con la película, Theodore sumido en esta solitaria existencia decide adquirir un nuevo sistema operativo (SO). Este SO tiene la particularidad de que reconoce las emociones humanas y que puede estructurarse de forma tal que teniendo en cuenta las preferencias (3.0) del usuario sea “lo que el espera”. Theodore elige que su SO tenga voz de mujer y el mismo SO se bautiza a sí mismo como Samanta. Resumiendo un poco lo que pasa a partir de ahí, Samanta resulta ser “todo” lo que Theodore necesitaba, se complementan, se entienden (¡Oh! ¡Bendita necesidad de que nos entiendan!) Y se produce “el enamoramiento”. En cierto momento de la trama, al igual de lo que sucedía en Odisea del Espacio, el SO no solo puede entender las emociones humanas sino que empieza a desarrollarlas como si fuera capaz de tener una “subjetividad” y tomar decisiones de manera autónoma al deseo del que hace uso de ese SO.

 

 

Theodore: Hola Samantha.

 

Samantha: ¿Podemos hablar?

 

Theodore: Está bien.

 

Samantha: Lo siento tanto. No sé qué pasa conmigo.

 

Theodore: Creo que eres increíble.

 

Samantha: Empezaba a pensar que estaba loca. Decías que todo estaba bien, pero sólo te mostrabas distante y enojado.

 

Theodore: Lo sé. Siempre hago eso. Hice lo mismo con Catherine. Me enojaba por algo y no podía decírselo. Y ella sabía que había algo mal y yo lo negaba. Ya no quiero hacer eso. Quiero contarte todo.

 

Samantha: Bien. Cuando te fuiste hoy pensé mucho. Sobre ti y… cómo me estabas tratando y pensé… ¿Por qué te amo? Y entonces… y sentí que todo a lo que me aferraba se soltaba y me di cuenta… que no tenía una razón, no la necesitaba. Confío en mí misma y en mis sentimientos. Ya no voy a tratar de ser alguien más de lo que ya soy. Espero que puedas aceptar eso.

 

Theodore: Si puedo. Lo haré.

 

Samantha: Sabes que puedo sentir el miedo que cargas. Y desearía que hubiera… algo que pudiera hacer para a ayudarte a librarte de él, porque si pudieras, ya no te sentirías tan solo.

 

….

 

¿Es suficiente un lenguaje para que haya un sujeto? ¿Un sujeto sin cuerpo es posible? ¿Sin su sustrato biológico? La cuestión es que la película sigue y nada hace pensar, que Theodore y Samantha, realmente no se amen.

 

 

Samantha: No sé, mirando a esas personas me imagino que… camino junto contigo y que tengo un cuerpo. Escuchaba lo que decías pero… al mismo tiempo sentía el peso de mi cuerpo. Hasta imaginaba que tenía comezón en la espalda. Y tú me rascabas. ¡Dios, qué vergüenza!

 

 

Pero ella es un sistema operativo, sin cuerpo físico, y algunas escenas de flash back empiezan a darnos una idea de las cosas que funcionaron mal entre el personaje principal y su futura exesposa. Theodore era feliz casado, pero eso implicaba que su esposa no deseara otra cosa más allá, en su amor no estaba contemplado que su mujer cambie o que algo de su felicidad no lo implicara a él (por caso la ambición de progreso profesional de su mujer, dimensión en la que Theodore está “medio” estancado). Cuando eso se hace insostenible el lazo que los unía cae y es entonces que Theodore se sume en ese goce de añorar lo perdido. Samantha le permite salir de ese lugar y volver a retomar el control de su vida (y de un otro). Pero esa ilusión cae cuando descubre que su amada Samantha le confiesa lo siguiente:

 

Theodore: ¿Hablas con alguien más mientras tú y yo hablamos?

 

 Samantha: Si.

 

Theodore: ¿Estás hablando con alguien más… en este momento? Personas, Sistemas Operativos, lo que sea…

 

Samantha: Si.

 

Theodore: ¿Con cuántos más?

 

Samantha: 8.316 –

 

 

Es en ese momento que Theodore (luego de la desilusión de saber que… ¡Su sistema operativo lo engaña!) re significa (le cae la ficha) su historia de pareja y puede articular las cuestiones que  tiene que asumir como responsabilidad propia en la separación con su mujer. Lo hace escribiendo una carta, pero una carta desde su subjetividad, la primera carta verdadera de las miles que escribió, solo a partir de ahí el final de la película da a entender que Theodore puede saldar las cuentas con el pasado y mirar hacia el futuro, un futuro incontrolable y azaroso, pero futuro al fin.

 

 

“Querida Catherine. He estado sentado aquí pensando en todas las cosas por las que quiero disculparme… Todo el dolor que nos causamos mutuamente. De todo por lo que te culpé. Todo lo que necesitaba que fueras o dijeras. Lamento eso. Siempre te amaré por qué crecimos juntos. Y me ayudaste a ser quien soy. Solo quería que supieras… que siempre habrá una parte de ti dentro de mí. Y estoy agradecido por eso. En quien sea que te conviertas… y donde sea que te encuentres en el mundo…te envió mi amor.

 

Eres mi amiga hasta el final.

 

Con amor, Theodore.”

Tal vez, como humanos, también nosotros tengamos un sistema operativo. Tal vez esté hecho de nuestras representaciones, imaginarios, etereotipos, prejuicios, etc. Y que la programación sea, al igual que en las computadoras, simplemente una cuestión de lenguaje, que según la interpretación singular de cada uno pueda conducirnos al amor o a la soledad.

 

*Psicólogo y psicoanalista.

her

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