Cortázar, los sueños y el psicoanálisis.

No son pocos los que vinculan la obra de Julio Cortázar con el psicoanálisis. No como expresión de un producto directo de este, sino por la materia que muchas de las obras del autor comparte con la disciplina freudiana; el mundo de los sueños.

Por Federico Bosch*

A días del reciente aniversario de Julio Florencio Cortázar (segundo nombre poco conocido para la mayoría de los lectores) se me ocurre esta nota que intenta reflexionar, a grandes rasgos, sobre la comunidad entre el conocido escritor y el psicoanálisis.

“¿No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética?” se pregunta Freud en su texto “El Poeta y los sueños diurnos”, para luego responderse: “Acaso sea lícito afirmar que todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o, más exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él.”(1)

Con lo que se podría decir en operación inversa que todo poeta se conduce como un niño que juega. En ese sentido Cortázar nos da un indicio, que la respuesta que ensaya Freud tiene un asidero en las vicisitudes de la creación de un escritor, a través de una remembranza que realiza en una conocida entrevista: “Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra “madre” era la palabra “madre” y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mí un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.”

Siempre he tenido la impresión de que leer un cuento de JC era meterse en un sueño. Porque la misma estructura del cuento tenía la lógica de un sueño. En ese sentido uno puede leer un cuento de Cortázar que empieza con escenas cotidianas y luego abruptamente se interpone un absurdo para nuestra consciencia. Sin embargo fue Freud el que nos enseñó que el sueño no es absurdo sino que tiene coherencia, una coherencia que a veces desconocemos pero sin embargo subyace al mismo. Mediantes los procesos de condensación y de desplazamiento esa coherencia se nos escapa.

 

Vamos con algunos ejemplos.

La noche boca arriba, hasta el último momento del cuento uno no sabe quién es el que sueña, si el motociclista accidentado o el aborigen a punto de ser sacrificado por los aztecas. El desenlace es absurdo para nuestra lógica moderna. En el cuento resulta tener una coherencia magnífica.

Carta a una señorita en París, todo el cuento parece un sueño, un sueño hecho carta donde el absurdo de vomitar conejitos por la boca queda en segundo plano al tema del cuento, que es una especie de disculpas por el estado de un departamento, es lo que puedo intuir del mismo. Mi memoria que es la memoria de cualquier lector hace que solo sobreviva fehacientemente el hecho de que alguien vomitaba conejitos. Lo mismo pasa con el soñador que se despierta y solo recuerda un aspecto del sueño.

Una flor amarilla, un cuento que siempre recuerdo al tomar el 95, el contenido onírico está más oculto, pero podría decirse que el relato del borracho es más bien la ensoñación de un borracho. Lo incluyo en este pequeño conteo por capricho tal vez o porque me parece un cuento maravilloso o porque es testimonio, que al menos yo, aún espero ver a Luc alguna vez en el 95. Flores amarillas son más fáciles de hallar.

Deshoras, el cuento menos famoso de esta serie, el recuerdo de una mujer amada en la niñez hecho sueño, hecho cuento. Vale la pena que lo lean, el contenido onírico está entrelazado con la niñez y los recuerdos. Los recuerdos en cierta manera tienen la lógica del sueño, hemos olvidado como se formaron, hemos sustituido la cosa por el recuerdo, hemos distorsionado las imágenes de esa cosa y el recuerdo es una desfiguración de la cosa, del suceso ya perdido en el tiempo, en el recuerdo se condensa lo que queda y lo que se ha olvidado.

La lista sería infinita, y tal vez abarcaría toda la obra de Cortázar, por lo cual me conformo con esta limitada, arbitraria y condicionada por mi inconsciente muestra de cuatro cuentos. También escaparía a los fines de esta nota recordatoria y laudatoria de la figura de JC y su vínculo con el psicoanálisis, que de hecho simplemente es un pretexto para recordarlo a él en este espacio.

Son innumerables los estudios y notas psicoanalíticas sobre la relación de JC y el psicoanálisis, me conformo en manifestar mi percepción de que en su obra podemos ver por un lado la manifestación clara de lo inconsciente, del surrealismo ida y vuelta en la construcción del relato, y de un subsuelo simbólico que se infiere a pesar del aparente absurdo de sus escritos.

Los cuentos de Julio Cortázar no son solo literatura, significan algo para el cómo autor y significan algo para nosotros como lectores. Tal vez muchas cosas. Tal vez el significado de nuestros sueños.

Xulio-Formoso_Julio-Cortazar

 (ilustración de Xulio Formoso: Julio Cortázar)

*Psicólogo y Psicoanalista

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